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El escritor portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago afirmó con motivo de la clausura del VIII Congreso de Escritores de España celebrado en León que escribir "es traducir, aunque estemos utilizando nuestra propia lengua".
"Transportamos lo que vemos y lo que sentimos a un código convencional de signos, la escritura, y dejamos a las circunstancias la responsabilidad de hacer llegar a la inteligencia del lector, no la integridad de la experiencia que nos propusimos transmitir (es inevitable parcelar la realidad de la que nos habíamos alimentado), sino más o menos una sombra de lo que en el fondo de nuestro espíritu sabemos que es intraducible", consideró el autor de 'La balsa de piedra'.
José Saramago puso como ejemplo de esa "sombra intraducible" la "emoción pura" de un encuentro, el "relumbrar" de un descubrimiento, "ese instante fugaz de silencio anterior a la palabra que se va a fijar en la memoria como el resto de un sueño que el tiempo no apagará por completo".
"El trabajo de quien lee y también traduce consistirá, prosiguió, en pasar a otro idioma (en principio, el suyo propio) aquello que en la obra y en el idioma original ya había sido 'traducido', esto es, una determinada percepción de una realidad social, histórica, ideológica y cultural que no es la del traductor; sustanciada, esa percepción, en un entramado lingüístico y semántico que no es el suyo".
El texto original, por tanto, según advirtió el premio Nobel de Literatura de 1998, "representa una de las traducciones posibles de la experiencia de la realidad del autor, estando el traductor obligado a convertir el 'texto-traducción' en 'traducción-texto', inevitablemente ambivalente". Tomando el portugués
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